Crónica de Evangelización en Virgen del Val (Alcalá)

Actualizado: 22 ene


CRÓNICA  DEL GRAN  MISTERIO DE  BELÉN

“¡Ven a adorar a Jesús recién nacido!”: así invitábamos a todo el que quisiera venir a celebrar “El Gran Misterio de Belén”. Y es que este no era un Belén cualquiera, pues el mismo Jesús, que acababa de venir al altar por manos del sacerdote,  volvía a estar sobre un montoncito de paja, como cuando vino por vez primera a la tierra,  expuesto en la custodia para ser adorado.

La Parroquia de Nuestra Señora del Val, en Alcalá de Henares, se llenó de paja, de pastores, portando a sus ovejitas, deseosos de hablar del Niño Jesús, el pasado 27 de diciembre. Como hizo san Francisco de Asís en el siglo XIII, en Greccio, recreamos el primer Nacimiento de la historia: José y María, los Reyes Magos y otros pastores, adoraban a Jesús Eucaristía en el interior del templo.






Mientras, en el exterior, las pastoras-catequistas, ofrecían chocolate calentito, bizcochos y buñuelos recién hechos, a pie de calle, acogiendo con cariño a todo el que se acercaba.  Los pastores, como aquellos que vieron a Jesús en la cueva de Belén, no podían dejar de hablar de las maravillas de aquel Niño, y explicaban que iban a ver al mismo Jesús, vivo, a “Jesús escondido” bajo la especie de Pan: “En la figurita de nuestros nacimientos parece que está el Niño Jesús, pero no está; aquí, en este trocito de Pan parece que no está, pero está”. Contaban a todo el que quisiera escuchar  cómo Dios ha bajado del Cielo para abrirnos las puertas del Cielo que, si no, estarían cerradas para siempre; cómo nos ama con locura y está siempre con nosotros, y se hace pequeño, niño, para que el hombre no tenga miedo a Dios…





Los pastores acompañaban a los niños con sus padres hasta Jesús, expuesto en la custodia, y les invitaban a darle su amor, simbolizado en un corazón de papel que les habían repartido previamente. Les contaban cómo un niño nace para ser acogido, querido…y cómo el Niño Jesús también espera nuestro amor. La gente se acercaba, depositaba su corazón y recogía una estampa con el Niño Jesús entregando su Corazón: ¡admirable, maravilloso intercambio! ¡Tú le das tu corazón y Él desea darte el suyo! La gente te escuchaba sonriendo, sorprendidos, no se querían ir y alguno no paraba de hablarles del amor de Dios…y ellos “se dejaban”, dóciles…El párroco nos ayudaba a adentrarnos en el Misterio con una oración, mientras la música de fondo te invitaba a la adoración.




A continuación, algunos salimos por las calles a llevar esta Buena Noticia, invitando a cada uno a acoger el amor loco de Dios. Algunos misioneros corrían detrás de la gente: “¡Ey, espera…tengo una Buena Noticia para ti, Jesús me ha cambiado la vida y te la puede cambiar a ti ahora…!¡Está aquí…!”. Comenzaba a llover, pero no importaba. La gente miraba, nos veía vestidos de pastores… Otro pastorcillo contaba cómo invitó a la Parroquia a una madre con su hija; la mamá no quería ir, pero la niña, sí; fueron y, al final, algo había sucedido en aquella mujer, ¡su rostro había cambiado!




Regresamos, recibimos la bendición y nos marchamos contentos de ser portadores de tan gran misión. Conscientes de que somos unos pobres siervos y hemos hecho lo que teníamos que hacer.

¿Qué sucedió aquella noche? Eso queda en los corazones de las personas…

Jesús vivo en la Eucaristía recibió una gran alegría en la Parroquia con la visita de muchos corazones dispuestos a acogerle, adorarle y darle todo su amor.

Hemos podido ver rostros conmovidos, alguna lagrimilla que se derramaba ante “el Gran Misterio de Belén; se respiraba paz, alegría y profunda adoración. ¡Hasta alguno se admiraba de cómo hacían genuflexión ante Jesús aquellos que no creían…!



¡Gracias, Jesús, porque estás vivo, con nosotros, en la Eucaristía, todos los días hasta el fin del mundo! Concédenos adorarte y acogerte siempre. ¡Gracias a todos por vuestra presencia y oración!

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