María José Ballester

Actualizado: 22 ene

"Él era el pescador y yo solo la red en sus manos"



Aunque la gloria es solo de Dios, en mi caso es aún más claro. Desde que surgió como proyecto estaba asustada y mi miedo y nervios iban en aumento cuanto más se acercaba el día… soy así de vanidosa. El día anterior, en oración, el Señor me dejó claro que no había motivos para mi miedo, sencillamente porque yo no iba a hacer nada. Él era el pescador y yo solo la red en sus manos. Él lanzaría la red y la recogería a su antojo. Disipó todos mis temores y solo esperaba que llegara la noche siguiente para ver su gloria y ¡bien que nos la mostró a mi compañero y a mí! Salimos a la calle con Jesús y María Santísima y, aunque algunos pocos no se pararon, casi todos los que abordamos (y fueron bastantes) entraron a postrarse a los pies de Nuestro Señor, algunos pasaron por intercesión. No tuvimos necesidad de hablar mucho porque Él lo hacía todo. Como ejemplo, nos presentamos a dos muchachas que nos dijeron que habían quedado y tenían prisa, les dijimos: "El Señor os está esperando dentro, vamos". Comenzamos a andar hacia el templo y nos siguieron. Rezamos por ellas frente al Santísimo y luego se quedaron sentadas en un banco, según ellas solo iban a quedarse un momento pero al acabar la adoración una de las muchachas seguía allí y me confesó que la música le había hecho llorar muchísimo, pero que estaba muy feliz.


El Señor salió a la calle y nos mostró su infinita misericordia atrayendo a sus hijos hacia Él. Se plantó en medio de su pueblo con suavidad, pero con poder. Realmente solo fui la red en sus benditas manos y estoy feliz por ello. ¡A Él toda la Gloria!

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