Eli Martín

Granada 25-X-2014



Solo puedo empezar diciendo: ¡Bendito sea Dios, porque nunca nos deja solos!


Desde el verano nos llevan anunciando en el Grupo de Oración, que el sábado día 25 de Octubre, saldría la Renovación a Evangelizar a la calle, y nos pidieron oración.


¡Madre mía, la Renovación a Evangelizar en la calle!


Desde entonces, mi marido y yo, hemos presentado ese día al Señor, cada mañana.


El lunes antes del 25 me sentí muy angustiada porque cuando dieron de nuevo el aviso, yo lo interpreté como que todos teníamos que salir a la calle y yo no sentía la fuerza para hacerlo, (pienso que ese no es mi don, por ahora. Me acordaba de la carta de san Pablo donde dice que el pie no puede ser mano…), pero una buena hermana me liberó y me dijo que también se podía ir y quedarse dentro apoyando con la oración. Doy muchas gracias a Dios por ella, porque sus palabras hicieron que volviera a tener ilusión porque llegara ese día.


Y por fin llegó… que en principio fue un día un poquillo agotador “pa arriba y pa abajo” porque también teníamos otros quehaceres…


Pero volviendo al tema que nos ocupa, llegué justo cuando los hermanos acababan de salir a la calle. Al entrar en la Iglesia, me pareció como la entrada del cielo, todo de luces por el suelo hasta llegar a la LUZ GRANDE, allí estaba el Señor Sacramentado esperándonos a TODOS.


No me costó ni chispica entrar en oración, presentarle al Señor a cada uno de los hermanos, los de fuera, los de dentro, los que acudían a la llamada y los que no. Y el Señor me regaló una vez más el misterio de la unidad, el de poder sentir lo que los demás sienten por la gracia del Espíritu Santo.


El ver la cara de mis hermanos de alegría, de satisfacción, el ver a las muchas personas que entraban a poner sus intenciones al Señor, me llevó a entrar en una sintonía tal, que no se puede expresar con palabras… Mi corazón también rebosaba de alegría y de satisfacción, igual que si fuera yo la que había hablado con ellos, la que los acompañaba, la que evangelizaba... ¡¡¡QUÉ GOZO MÁS GRANDE EN EL ALMA!!!


El rato se me hizo corto y cuando terminó, se me quedó el cuerpo con ganas de seguir disfrutando de ese pedacico de cielo, y eso que salí de mi casa a las 12 de la mañana.


Cuando volvíamos con otras hermanas, íbamos por la calle sin parar de hablar de las maravillas que hace el Señor, sin prisa de llegar… y a las 1.30 de la madrugada del domingo, poco sueño tenía.

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