Belén Domingo



Sucedió en la evangelización del día 16 de Julio (día de la Virgen del Carmen). Salimos juntas la hermana Caridad, Peregrina de la Eucaristía, y yo (Belén).

Caridad anunció el Kerygma a Miguel y Laura, amigos entre ellos, mientras yo rezaba. Miguel dijo que no creía en Dios, pero Caridad le contestó: “Jesús sí cree en ti”. Tras un rato de conversación con él, Laura dijo que tampoco creía aunque había vivido la fe hasta los 18 años, había ido a un colegio religioso e incluso se había confirmado. Después del fallecimiento de su madre, siendo ésta joven todavía, y viendo cómo en su trabajo de enfermera había niños que morían por enfermedad sin culpa ninguna, aun teniendo una vida por delante, y ancianos enfermos que seguían vivos…

Laura no encontraba explicación alguna y por lo tanto tampoco al sufrimiento. Después de un largo rato de conversación con ella, nos dijo que quería saber el porqué de algo que le pasaba y si nos podía hacer una pregunta, pero antes se dirigió a Miguel diciéndole que era una cuestión muy importante para ella, de tal manera que le pedía tiempo; él le dijo que hiciera la pregunta sin ningún problema.

Quería saber por qué cada vez que veía una estampa o imagen de la Virgen o cualquier Santo, no podía soportarlo, algo le pasaba en su interior, no podía rezar, a las iglesias no podía pasar e incluso nos contó que una vez vio la Palabra de Dios escrita en unas piedras en Navarra y no pudo leerlas (yo con más insistencia y fuerza pedía ayuda a la Virgen, al Arcángel San Miguel, no dejaba de invocar para mover su corazón y que se realizara su conversión).

Caridad le propuso que nos acompañara y lo intentara de nuevo con nosotras, porque el Santísimo estaba expuesto. Ella aceptó y volvió a preguntar a su amigo, que le dijo que sí, e incluso la animaba a que fuera para disipar esa inquietud.

Fuimos hacia la Catedral, le di una estampa de la Virgen del Carmen y dijo que no podía cogerla; su abuela también le decía que rezara a la Virgen, pero no podía; Caridad seguía hablando con ella y contándole su testimonio. Al llegar a la Catedral y ver la velas, dijo que no podía seguir, se quedó parada y empezó a decir que no, que la perdonásemos, pero que no podía seguir andando, empezaba a ponerse mal. Le propusimos hablar con un sacerdote para que él le pudiese explicar lo que le pasaba. Ella sin titubear dijo que sí.

Salió el sacerdote, la invitó a pasar dentro y ella dijo que mejor fuera, porque le era imposible entrar. Ahí se quedaron. Nosotras invitamos a Miguel a pasar y rezar por su amiga ante el Señor y aceptó. Tras un ratito de oración nos dijo que era algo especial lo que le estaba pasando; como ya iban a reservar al Señor, nos quedamos hasta recibir la bendición.


Al salir hacia fuera, vimos a Laura y al sacerdote hablando dentro de la Catedral.Ella dijo al sacerdote que, cuando nos viera, nos dijera que se había confesado.

Belén Domingo


(Nota: Miguel y Laura son nombres ficticios, para preservar la intimidad de quienes vivieron esta experiencia).

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